29 de marzo de 2016

Como caerse en un pozo (Versus - Parte I).



Una vez, hace como quince años, conversando con Javier Bordon sobre el sitio preponderante como autor que se le daba a Héctor Oesterheld en la historieta argentina, coincidíamos en que para nosotros, como lectores, nunca tuvo ese lugar. Surgieron como suele pasar en estos casos, los nombres de otros guionistas y más que nada una comparación puntual con Robin Wood sobre como concebía "la aventura" cada guionista según lo que se podía leer en su trabajo, no voy a desarrollar eso porque si bien yo coincidía era una lectura propia de Javier, algo en lo que yo no me había fijado nunca hasta ese momento, lo que si quiero contar es que para ejemplificar por qué en principio él había sido un lector de Wood antes que de Oesterheld usó una analogía con la que me identifiqué totalmente, me dijo que la historieta era algo así como un territorio por el que transitaba y que estaba lleno de pozos que podían ser obras o autores "En el pozo de Wood me caí, en el de Oesterheld no" me acuerdo que dijo y siempre estuve de acuerdo con esa analogía más allá de lo trágica que parezca por la sencilla razón de que atribuye el gusto o la identificación con una obra a algo fortuito, accidental, que el lugar de mayor o menor importancia que puede tener para alguien un autor o una obra no puede elegirse, no puede forjarse voluntariamente, te llega o no te llega, te conmueve o no, te habla a vos o le habla a otros y eso no se aprende. Por supuesto que se puede comprender por qué algunos nombres se vuelven más relevantes que otros cuando uno estudia el medio y se vuelve un lector competente, pero comprender o valorar es una cosa y conmoverse o disfrutar es otra, muchas veces coinciden, otras no.
Volviendo al ejemplo, yo leí El Eternauta de Oesterheld y Solano López por primera vez en 1996, recién me había venido a vivir a Buenos Aires desde La Pampa donde nací y me crié, allá no había comiquerías, ni eventos de historieta, y además, al menos desde la adolescencia, conocía muy poca gente con quienes compartir historietas, de modo que mi formación como lector fue seguir el rastro de lo que podía conseguir, comprando lo que podía, prestándonos o canjeando con amigos, y sobre todo revisando en kioscos que tenían el servicio de canje, así que venirme a la capital fue como abrir la compuerta a una cantidad inmensa de cosas que me había estado perdiendo, un detalle no menor para sumar al contexto es que me estaba pasando lo mismo con el cine porque era lo que había venido a estudiar por lo tanto estaba en un proceso de aprendizaje incorporando algo novedoso en mis lecturas hasta ese momento: la crítica, los ensayos, las teorías sobre la narrativa, todo lo que sea "hablar de" me interesaba por demás. Entonces, cuando empecé a leer El Eternauta, ya había leído quichicientos ensayos, notas, menciones en entrevistas y etcéteras al respecto, por lo tanto no cabía en lo más mínimo la posibilidad de que fuera un pozo en dónde caerme, me habían enseñado que era una obra importante y por qué, y que por eso "debía" leerlo, bueno entonces, sí lo valoré, sí entendí lo que se decía, si me entretuvo sobre todo fijarme el recorrido de los personajes en la guía Lumi y reconocer que todo pasaba acá mismo, pero no me conmovió en lo más mínimo, me resultó un esfuerzo leer todo junto algo que había sido pensado para publicarse serializado y además si bien hay cosas suyas que me agradan nunca me gustaron mucho los dibujos de Solano López. Con casi toda la obra de Oesterheld me pasó lo mismo en cambio con Wood es al revés, cuando leí o escuché teorías al respecto de su obra, muchas de sus historias ya me habían atrapado mucho antes de que me importaran los autores o de entender el "más allá" que puede tener una historieta. Este versus es un ejemplo sin la pretensión de hacer valoraciones justamente porque lo que más me importa comentar es que creo que un lector ávido o interesado probablemente siempre pase por un proceso formativo similar, pero que para completarlo hay que aprender a separar en algún momento el valor que una obra puede tener desde el análisis intelectual del valor que tiene como impresión, como experiencia propia de lectura, qué se puede decir o pensar sobre una historieta o sobre sus autores y qué le pasa a uno cuando los lee, algo Para no ser injusto y confirmar con otro ejemplo, cuando ya me había decretado a mí mismo que Oesterheld me resultaba aburrido y lejano, me regalaron Mort Cinder, y sí, es un pozo en el que caí.


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