Las historietas no se hacen solas
No sé muy bien como explicarlo y menos podría haberlo hecho en esa época, pero había algo más allá de las historias y personajes en sí que me atraía de esas revistas, era algo relacionado con la estética, algo que las historietas de aquel momento que también leía no tenían, me provocaban una nostalgia muy extraña porque era nostalgia de algo que no había vivido, atribuyo eso a la percepción de que esas historias compartían una estética que ya no existía y que me llamaba la atención, de hecho no creo que anteriormente esas cosas pesaran a la hora de leer una historieta, de algún modo estaba ampliando la forma de percibir lo que me interesaba.
Había una que desconocía del todo hasta ese momento y que me fascinó mucho más que las otras, se trataba de "Tomajauk" eran historias de un aventurero de Norteamérica en la época de las guerra de la independencia, una mezcla de Western, fantasía y ciencia ficción histórica que me encantaba, eran historias breves y sintetizaban toda esa atmósfera que me atraía en aquellos días aunque los dibujantes eran diferentes y algunos me gustaban más que otros en las historietas de Tomajauk había, pioneros, indios, colonizadores ingleses y franceses, monstruos, máquinas infernales y trucos de astucia, superheroínas a caballo y hasta extraterrestres y viajes a la luna.

¿Que tiene que ver esto con Alcatena? Lo siguiente: Cuando uno es niño se interesa por las historietas atraído por los personajes y las historias, leer es un viaje porque lo que ocurre ahí le está pasando a alguien y en algún mundo eso existe. Uno sabe desde chico, aunque más no sea por verlo repetidamente en algunas revistas, que las historietas tienen un autor, pero la conciencia de que alguien las hace se va formando con el tiempo. Primero eso no interesa para nada, ni se piensa siquiera. Para mis once yo hacía un par de años que al menos sabía de la existencia de Oswal, de Quino, de Vogt y Robin Wood, pero no me importaba mucho eso.
Era un detalle que figuraba en las historietas pero no tenía demasiada trascendencia en la lectura, en lo que importaba. Sin embargo, algo había cambiado en mi forma de ver las cosas, porque antes leía con el mismo interés cualquier tipo de historieta y en todo caso filtraba por si me gustaban los dibujos, los personajes o el tema, pero cuando me interesé por estas revistas de Novaro, como decía, ya estaba observando algo más allá. Una estética, un tipo de historieta, un estilo, importaba eso con el mismo peso que lo que pasaba en la historia y cómo eran, dónde estaban o qué hacían los personajes. Esa nueva búsqueda me abrió la puerta para darme cuenta de otro ingrediente más importante todavía: el autor.
Como ya conté en esta entrada, en mi casa no se compraba Anteojito sino Billiken, así que yo leía las Anteojito en casa de mis tías y de amigos. Y si bien me gustaban mucho las historietas que leía ahí, ni me planteaba la posibilidad de que se cambiara la costumbre de comprarla, me daba lo mismo. Con leerla así me alcanzaba.
Así que un día en casa de mis primos me encuentro en Anteojito con una página de "Estrellazul". Ya nunca volví a leer igual. Me explotó la cabeza, me fascinó, encontraba todo lo que me venía atrayendo de Tomajauk y las demás Novaro pero llevado a una síntesis perfecta. "¡¿Qué es esto?!" pensé "¡Quiero más!" Y empecé a revisar todos los números que había buscando lo mismo. El caso es que mis primos tampoco tenían números consecutivos en ese tiempo, pero de todos modos fue suficiente porque encontré varias historias más con diferentes personajes.
La mayoría tenía una página, de manera que no sabía de dónde venía y a dónde iban la historias pero me enganché. A pesar que se trataba de historias diferentes pude encontrar un hilo común que las identificaba, del mismo modo que antes hubiera pasado con el nombre de los personjes, el título de la revista y más tarde el sello editorial. Ahora me interesaba la firma, un pergamino que decía "Alcatena". Aunque ni siquiera era necesario, sus historietas se reconocían en seguida por su estilo.
Me ocupé de hacer un raíd por cualquier casa donde sabía que había Anteojitos para que me las prestaran y leerlas y a buscar en las casas de canje para después recortar esas páginas y separarlas. Tenía páginas sueltas de Estrellazul, Diamante y Zafiro y Arlequín. La gloria fue cuando le cambié a un amigo varias revistas por un suplemento de una historia completa de Tic Toc Jr. ¡Tenía una "revista" entera de Alcatena! no me importaba nada lo "desfavorable" del negocio que había hecho.
Más adelante le pedí a un amigo que compraba las Anteojito para seguir una colección de libros que venían con la revista, que me prestara todas las que tenía y me fuí con el pilón a casa. Las abrí consecutivamente poniéndolas encima desde atrás hacia adelante abiertas en las páginas de "Kassim y el Genio" para poder leerlas de corrido.
Y por supuesto, cuando dibujaba le copiaba la firma. Dibujaba el mismo pergamino pero ponía adentro mi nombre tratando de imitar la caligrafía.
Como decía, ya antes tenía idea que las historietas no se hacían solas, que tenían un autor, pero a partir de Alcatena entendí la importancia que tenía eso, por supuesto no del mismo modo que lo comprendería de más grande, pero sí lo suficiente como para saber que es una variable fundamental. A partir de aprender eso pude hacer retrospectiva de lo que me gustaba, recuperar los nombres y notar que había una relación entre las historietas que más me gustaban y sus creadores. Y a partir de allí tenerlo como condición a la hora de valorar lo que leía. Y me empezó a ofender que no figuraran los nombres en algunas revistas, no tenía más parámetro que el estilo y eso no alcanzaba.
Un tiempo después me fui decantando por otros intereses, para mis trece años había descubierto la historieta europea y me gustaba mucho. Para mí la historieta seria argentina era Columba y nada más, pero ya la había leído bastante de eso y me parecía que estaba muy lejos de la revista Cimoc, que era el parámetro de lo que más me interesaba entonces. Así que siguiendo ese camino de búsqueda como lector "adulto" descubrí la Skorpio, que si bien también encontraba lejos de Cimoc, era para mi una novedad y se parecía más algo más a lo que quería leer por esos días.
Ni hablar cuando ahí descubrí otra vez la firma de Alcatena. Y ya no era el mismo que conocía de Anteojito, sino otro, más oscuro, que otra vez tenía para contarme justo lo que buscaba en ese momento. De modo que no me quedó otra oportunidad que convertirlo en mi ídolo. No había otra, era definitivamente el caso ejemplar en mi historia de lectura del nombre que tiene peso por si mismo, porque siempre me contaba historias que quería leer de un modo que me fascinaba. Incluso pensaba lo bueno que sería que dibuje tal personaje o tal historia. Soñaba con ver Eternia dibujada por él, por ejemplo. Por esa razón sigo lamentando, sí, todavía, haberme callado la boca cuando me preguntaron "¿Quién es tu ídolo?"
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